viernes, 6 de septiembre de 2013

"Es muy difícil ser entrenador de fútbol" por Andrea Orlandi (jugador del Brighton & Hove Albion FC)


Querido Gerard, por la amistad que nos une y porque me parece genial tu idea de crear una página web, me permito el lujo de escribir dos lineas sobre mi idea respecto a lo que un entrenador de fútbol representa y significa para un futbolista profesional, que es mi caso. Todo visto desde mi lupa con un toque muy personal conocedor de la dificultad que conlleva semejante cargo, y más aún desde que comencé hace dos años el curso de entrenadores en Reino Unido.

He tenido entrenadores de todos los colores, tanto a nivel formativo como en el fútbol profesional, y de cada uno he aprendido algo distinto y todos me han aportado cosas, ya sean positivas o negativas, que también sirven y muchísimo..

Entrenador autocrático o entrenador permisivo? Yo creo que los extremos nunca son demasiado positivos. Quizás algo a medio camino de lo autoritario y la autogestión? Yo creo que lo más importante para un entrenador es saber amoldarse al vestuario que se encuentre. Saber cual es la actitud a tomar una vez que analice al grupo humano con el que va a trabajar. La labor más importante para un entrenador en el fútbol actual es la de psicólogo, saber entender al futbolista, y sobretodo, entender a todo el grupo. Debe saber llevar a 25 jugadores sabiendo que cada fin de semana va a tener a 13 un poco más malhumorados que el resto. Como se afronta eso? Con sinceridad y con autoridad.. La autoridad no significa pegar cuatro gritos, la autoridad se gana cuando te has ganado el respeto de todos. Y el respeto se gana con hechos, demostrando que estás capacitado para entrenar a un nivel alto. Yo he tenido entrenadores que me han dejado sordo a gritos y no han sabido sacar nada de mi, y entrenadores que sin levantar la voz hacían temblar al vestuario, esos son los que de verdad te transmiten.. A mi se me gana con una metodología de entrenamiento basada en la posesión de balón y de mucha intensidad, a otros les gusta más hacer sesiones largas y más físicas, cada uno lo ve de una manera. Pero en lo que creo que coincidimos todos los futbolistas y lo que todos apreciamos en un entrenador es la honestidad. No nos gusta escuchar historias inverosímiles que justifiquen una suplencia, preferimos un: 'fulanito está mejor que tú, entrena fuerte y demuestra que puedes jugar'. En este sentido yo he estado en todo tipo de situaciones. He tenido al entrenador sincero como Paulo Sousa, que te miraba a los ojos y te dejaba claro lo que quería, y con el que aprendí muchísimo a nivel táctico, y he tenido otro tipo de ejemplos.

Durante una época  en la que estaba jugando en la Championship tuve que escuchar muchas de esas excusas que detesto. Acepto el no jugar y soy de los que se exige muchísimo y pelea para revertir la situación, pero en esos dos años no supe, o no me dejaron. En idénticas circunstancias se encontraban otros compañeros y no nos sentíamos parte del equipo, esa es la peor sensación que puede tener un jugador. Intento ser objetivo y ver las cosas desde todos los ángulos posibles, no digo esto por no haber jugado lo esperado, y lo siguiente es un ejemplo de ello. Con Brendan Rodgers (actual entrenador del Liverpool) tuve un buen inicio y, tras varias lesiones, en el primer año del Swansea en la Premier League jugué 6 partidos. Tengo malas palabras hacia él? No. Porqué? Porque me demostró ser un gran entrenador. Se ganó mi respeto con sesiones de entrenamiento novedosas, por preocuparse de que los que no jugábamos tuviéramos sesiones de entrenamiento de calidad, por su gran conocimiento del fútbol y sobretodo por ser sincero conmigo. A mi nunca me engañó. Claro que me hubiese gustado jugar más, y quizás lo hubiese merecido, no lo se, pero nunca me contó una película ni me vendió la moto. Eso es algo que agradezco muchísimo. Fué un año negativo del que saqué muchísimas cosas positivas, todo depende de como de lleno veas tú el vaso.

No me voy a alargar demasiado y os dejo un último ejemplo. Otra característica importante de un entrenador es la de ser un buen motivador. Al inicio de otra temporada en el Reino Unido, venía de un año malo y necesitaba a alguien que me guiara un poco y me dijera qué quería de mi. En nuestro primer partido de pretemporada el entrenador da el equipo sin decirnos en qué posición jugaríamos cada uno. Antes de salir al campo me acerco y le pregunto: “Mister, donde quieres que juegue?” A lo que me contesta: “da igual, con que te muevas”. Ahí me quedé bastante sorprendido y un poco perdido. Pensé que lo hacía conmigo porque no le importaba demasiado lo que yo hiciera, pero era así con todos.

Con Gustavo Poyet en Brighton se repite la escena, voy a salir 20 minutos en mi debut en casa y le pregunto: 'mister, donde me pongo?'. A lo que él replica: 'donde quieres jugar? Derecha, izquierda? Da igual, sos un fenómeno!'. Salí al campo a comerme el mundo, y ya me tenía ganado. Era exactamente lo que necesitaba oír y en el momento justo. No podría haberme dicho algo más acertado. Son dos maneras de hacer las cosas, dos entrenadores muy diferentes, y los dos están teniendo éxito, por lo que está claro que en el mundo del fútbol no hay una verdad absoluta.

Es un trabajo muy complicado y soy consciente de ello. A mi, preparar una sesión para chavales de 15 años se me hace complicado, no me quiero ni imaginar lo que es llevar a un equipo profesional y planificar toda una temporada.. Pero espero haber dejado clara mi idea y lo que yo, personalmente, aprecio y busco en un entrenador.

Desde aquí dar las gracias a todos los que me han ayudado hasta el día de hoy, a mis entrenadores en la escuela de fútbol B.S.B en Barcelona, a Xavi Ruiz, Frank Jiménez, Juan Barbero, Natxo Gonzalez, Edu Carrera, Txutxi Aranguren, Quique Costas, Joan Barbarà, Paulo Sousa, Bruno Oliveira, Brendan Rodgers y Gustavo Poyet. Y a los demás, muchísimas gracias también.




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