Cuando un entrenador llega a un equipo es, en
la gran mayoría de casos, para cambiar cosas y aportar nuevas ideas a un
proyecto que ya no daba rendimiento.
Es importante que la dirección del club
apueste por un perfil de entrenador que vaya con la misma dirección que la
filosofía de club. Eso es primordial para el éxito del proyecto.
Las competencias y responsabilidades del
técnico tienen que quedar definidas desde un buen inicio, para así ser
consecuentes en el momento de pedirle resultados.
No es lo mismo aquellos clubes donde los
técnicos tienen potestad para confeccionar su plantilla, con altas y salidas de
jugadores, que aquellos donde el entrenador únicamente maneja el día a día.
El entrenador vive del crédito que gana con
el paso de las temporadas, gracias a la consecución de objetivos, títulos o
éxitos deportivos. Esos resultados le abren puertas a nuevos retos y a nuevas
realidades a afrontar.
La adaptación a cada uno de
esos proyectos y retos es clave para la consecución del éxito, ya que por muy
exitoso que un entrenador haya sido en el pasado, siempre deberá adaptarse a la
nueva realidad compuesta por jugadores distintos, directivas, presión,
recursos, instalaciones, competiciones, expectaciones, afición…que nunca son
iguales que las anteriores.
Los días previos a la aceptación del nuevo
trabajo y en la fase inicial, el técnico se enfrenta a un período
importantísimo donde deberá establecer su plan estratégico. Debe determinar
cuáles son las necesidades del equipo y marcar un plan de actuación.
Cuando el técnico pretende hacer cambios
importantes debe ser consciente de las consecuencias que comportarán. No todas
las variaciones son bien recibidas, por eso, es de gran importancia tener la
habilidad para reconocer lo que se requiere, actuar en consecuencia y del modo
adecuado. Es decir, adaptándose.
No se debe olvidar que lo más importante son
los jugadores dentro de un equipo y los técnicos deben adaptarse a su mundo.
Necesitan de un entrenador para que los lidere, pero sobre todo, para que les
aporte las herramientas que necesitan para ganar. A veces les hace falta sentir
la presión y la exigencia, otras veces no. Los entrenadores suelen no pensar lo
que los jugadores necesitan y actúan pensando en lo que sienten.
La revolución que suele
acompañar la incorporación de un nuevo entrenador tiene que ver con muchos factores.
El técnico suele querer rodearse de un entorno de mayor confianza, que facilite
su trabajo diario. Por eso, no es extraño que fichen jugadores y técnicos asistentes que
compartieron tiempo en temporadas anteriores. También, esto permitirá una rápida
eficiencia en la productividad del trabajo producido, ya que todos conocen lo
que el entrenador principal quiere.
Delgada
línea: el extranjero
Al técnico que se le brinda la posibilidad de
trabajar en un club de otro país, debe ser consciente de su especial condición.
Este entrenador sabe rápidamente que se le contrató para que aporte lo que a él
le caracteriza.
Sin embargo, el entrenador nunca debe olvidar
que otro país, significa otra cultura, y por lo tanto, ciertas costumbres
deberán asumirse y respetarse. Es esa una delgada línea, a veces difícil de trazar,
entre mantenerse fiel a los pensamientos e ideas y a los de la nueva realidad.
La adaptación a un club del extranjero
siempre es más fácil cuando se dispone de alguien autóctono que pueda anticipar
y explicar cómo son, piensan y actúan los habitantes de la región. Como más
lejos de la ciudad natal se está, mayores son las diferencias y, por lo tanto,
la adaptación requerida también lo será.
La delgada línea se encuentra entre el cambio
(revolución) y la adaptación (cesión), pues es necesario concebir ese
equilibrio que permita conseguir los objetivos deseados.

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